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Habíase abierto una escuela en la calle Lorea 269, muy próxima a la casa Provincial situada en la misma calle y determinada por el nº 427. Ocurría esto más o menos a los 10 años de la llegada de las primeras 15 religiosas(1875) que cimentaron con honor en esta Patria Argentina, las obras de las Hijas de N.S de la Misericordia, cuya congregación fue fundada  en Savona  el 10 de agosto de 1837 por Sta. María Josefa Rossello.

La Escuela fue incrementando el numero de alumnas y así es que como en el año 1901, la Comunidad Religiosa adquiere un terreno en Belgrano, con la expresa finalidad de edificar sobre él un Colegio que sirviera de internado a las alumnas que, en carácter de tales, cursaban sus estudios en el colegio de la calle Lorea, demasiado reducido y céntrico.

Era un terreno amplio sobre la calle Cabildo 1233, con frondosidad de árboles, matices de flores, de fuentes, de senderitos, de anchos caminos, de pájaros cantores y aves de todas clases.

Un chalet, joya de antiguas grandezas, rodeado de amplias galerías engalanadas con espejos, empotrados en las distintas paredes, y cerradas y embellecidas  por enredaderas de variadas flores.

Una hermosa fuente, corazón de una graciosa flor – la margarita- cuyos pétalos, constituidos por canteros de verde césped, le daban un aspecto extraordinariamente particular y encantador, la cual se levantaba ufana, a pocos metros del portón . un largo y abierto camino que, llegando hasta Cabildo, se iniciaba bien adentro de la finca, bordeado de canteros en flor invitaba a detenerse y descansar en él. Una magnífica pajarera construída a la derecha de quien entra, de 25 mts. de largo, 10 mts. de ancho y 6 mts de alto, armada en alambre tejido sobre un parapeto de mampostería , y cruzado por variadas y finas trepadoras en flor, de toda estación, con el piso a más o menos metro y medio bajo el nivel, al que se bajaba por escalones de mármol grande, colocadas frente a las 2 puertas de entrada abiertas en los cabezales de la misma con 2 fuentes ovaladas provistas de surtidores de agua y alegrando el conjunto pájaros de vistoso plumaje que revoloteaban en la inmensa jaula, echando al aire la melodía de sus trinos, constituyendo un todo de valiosos encantos. Árboles ornamentales, Citrus de toda clase y frutales en abundancia, ocupaban el resto de la propiedad, en su frente por Cabildo. En el fondo, por donde hoy es calle Arcos, un gallinero levantado a todo costo, rodeado de añosos árboles y de arbustos de sombra, provistos de fuentes bajas para baño de las aves, brindaba cómodo y delicioso estacionamiento a quien quiera lo visitase en las horas serenas del verano. Un patio de tierra, sombreado por viejos árboles, por guindos y por cerezos, con un bonito aljibe en el centro, separaba el edificio actual, que al comprar la finca no existía. Por el lado de Lacroze, una modesta construcción consistente en varias piezas, que en los primeros años, hasta 1928, fueron destinadas a despensa, cuarto de planchado, dormitorio de niñas beneficiadas, etc.

Por el lado de la calle Zabala, totalmente unido a esta finca, del que separaba un bajísimo tapial, escasamente de un metro, se extendía un soberbio, magnífico parque, de propiedad particular rico en árboles de adorno, de sombra y de variadas frutas. Un camino amplísimo, perfectamente nivelado y abierto al colegio rodeado de frondosas y bonitas casuarinas, impresionaba y retenía al transeúnte admirado ante belleza tan peregrina, que deleitaba los sentidos y alegraba al corazón. Este vecindario, conjunto de sombra fresca verde y aromática, daba a la finca recién adquirida, un valor nuevo, haciéndola doblemente real y promisoria  para un internado de niñas, finalidad que se proponía...

La escuela se levantaría en Av. Cabildo del aristocrático Belgrano; el barrio de las hermosas quintas, con sus casonas de aspecto señorial del tiempo aquel, y hoy exponente potencial de templos, de residencias magníficas, de plazas, de fuentes, de jardines, de paseos, de calles amplísimas bordeadas por árboles de fresca sombra; unida al centro de la gran Capital, de la que forma parte, por innumerables medios de transporte, tiene actualmente, en una extensión de más de siete km cuadrados, millares de habitantes...

Vuelta la mirada a aquel pasado un tanto lejano, pero promisorio y luminoso, se enciende la visión del día aquel y de aquella típica quinta del belgranense repleta de flores, llena de enarenados senderitos y en cuya vieja fuente el agua cantarina parecía cantar la belleza del día y la hermosa promesa del Cielo, cuya primera piedra se asentaba en su predio, el 30 de agosto de 1902.

Las palabras rituales de la Santa Bendición de Dios, pronunciadas por el arzobispo de Bs. As.  Monseñor Mariano Espinosa, cayeron sobre la piedra, base simbólica de la fortaleza espiritual, que era necesaria en la difícil obra de disipar tinieblas y encender antorchas.

Fue también un símbolo, el padrinazgo del Gral. Ricchieri potencia espiritual de primer orden, cuya obra como ministro de guerra, en aquel entonces, llenaba completamente la aspiración de seguridad y defensa por la que se clamaba en la época. Y ,como un símbolo también el padrinazgo del señor Federico Lacroze, caballero cuyo empuje en la lucha y cuyo éxito en la misma eran ejemplo práctico de la cosecha que recoge el entusiasmo, la fe y la constancia en el trabajo. La evocación no olvida en este cuadro, la imagen de la esposa del Gral. Ricchieri, y de doña Anita, la madre del señor Lacroze, espirituales inspiradoras de sus esposos y de su hijo. Así bajo la estampa moral de esos nombres y bajo el amparo divino del Señor y de su Madre Santísima de la Misericordia,  sonó la primera campanita de este colegio el 1º de marzo de 1903. Ciento diez y seis alumnas, la mayoría internas del colegio de Lorea, formaron las clásicas filas escolares que, bajo el uniforme de entonces, trajecito de seda negra, con gran cuello de finísima lencería, adornado de encajes que graciosamente caía sobre los hombros; llevando por la calle, sombrero blanco; de castor en invierno y de paja Italia en verano, ambos severamente embellecidos por una rica y gran pluma amazona, desfilaron por los abiertos jardines de la quinta  y estrenaron el edificio aún no concluido.

Pocos días después, a las niñas más pobres de la zona, se les brindó el beneficio grande de la instrucción y educación cristiana y, cincuenta pequeñas traspusieron los umbrales para recibir, gratuitamente este alimento que había de contribuir a liberarlas de la miseria y a enseñarles a bendecir la pobreza, como un don que ha de llevarse con la dignidad y el amor del cristiano.

Maestras de este primer racimo de educandos fueron: la Superiora María Clelia Riva y las Hermanas Ma. Dorotea Rebollini, Ma. Cristina Castiglioni y Ma. Imelda, Ma. Liberata y Ma. Práxedes y además la Hermana María Luisa Serrano.

 
 
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